El paralelismo entre el intendente de San Lorenzo, Leonardo Raimundo, y el presidente venezolano Nicolás Maduro se construye, principalmente, por perdurar en el poder a lo largo del tiempo. Raimundo asumió por primera vez al frente del municipio en 2007, mientras que Maduro asumió como presidente en 2013. A la fecha, el sanlorencino acumula seis años más de gestión continua que el mandatario venezolano.
Más allá de los contextos políticos y geográficos claramente distintos, la comparación temporal resulta llamativa. Mientras el mundo observa el devenir del poder en Venezuela tras la captura de Maduro en manos de Estados Unidos bajo la presidencia de Trump, en San Lorenzo el foco se posa sobre el gobierno local que, con casi dos décadas ininterrumpidas, se ha vuelto parte estructural del paisaje político de la ciudad.
En el plano local, la prolongada permanencia de Raimundo en el poder ha sido objeto de cuestionamientos crecientes puesto que tantos años de gobierno continuo favorecen prácticas de concentración de poder, persecución y difamación a adversarios políticos, así como el uso de mecanismos poco transparentes en los procesos electorales. Estas críticas no apuntan a un modelo externo, sino a una dinámica propia que afecta la calidad democrática de la ciudad.
A ello se suma el balance de gestión. Muchos vecinos sostienen que la prolongada administración se ha estancado y enviciado, generando un deterioro cada vez más acentuado de la ciudad: servicios deficientes, infraestructura envejecida y problemas estructurales que se repiten sin soluciones de fondo. El problema no es solo cuánto tiempo se gobierna, sino qué resultados concretos se ofrecen tras tantos años en el cargo.
Raimundo finalizará su mandato en 2027, aunque todo indica que no tiene intención de soltar la silla y que volverá a postularse. Los reclamos por alternancia y renovación parecen ser desoídos, mientras solo intenta aferrarse al poder. Persistir neciamente en ese rumbo, sin escuchar ni asumir los límites del ciclo político, suele ser el camino más corto hacia un final desfavorable.









