Alejandro Cabral, actual jefe de Gabinete del intendente Leonardo Raimundo y dirigente perteneciente a La Cámpora, forma parte del acuerdo político kirchnerista que selló el intendente en la ciudad.
El mismo Cabral que años atrás denunció a Raimundo en la Justicia por manejo irregular de fondos públicos hoy ocupa un lugar clave dentro del esquema de gobierno municipal. Para muchos, el acuerdo no solo implicó una alianza política inesperada, sino que habría estado motorizado por el interés del intendente en neutralizar aquella denuncia judicial a cambio de un cargo público.
Esta incorporación, lejos de ser un caso aislado, refleja una estrategia sostenida por Raimundo para cooptar ex opositores a través de cargos públicos y beneficios económicos.
“Antes fui opositor, ahora soy oficialista”, declaró Cabral ante concejales cuando ya ocupaba un rol clave en el Ejecutivo. Según su propio relato, el giro político se habría sellado “tomando un café” con Raimundo, donde, sorpresivamente, descubrieron que tenían “más puntos en común que disensos”.
La ironía no pasó desapercibida entre ex compañeros de militancia, quienes hoy se preguntan: “¿Qué coincidencias puede tener alguien con una persona a la que denunció por corrupta?”
Un esquema reiterado
El reciente audio filtrado entre Raimundo y una histórica militante rentada de su espacio, Jorgelina, aporta más elementos al esquema. En la grabación, la mujer reclama que figuras que “vienen de afuera” reciben cargos y subsidios, mientras que a quienes están desde siempre “les dan miserias” o los tratan con desprecio.
Entre los nombres que menciona aparece el de las hermanas Mansilla, otrora activistas contra el estacionamiento medido en la ciudad, hoy integradas al oficialismo con sueldos estatales y beneficios. “Están mejor que nosotros”, protesta la militante en un tono que refleja bronca e impotencia.
La grabación, además de mostrar un esquema de disciplinamiento político sostenido con recursos públicos, revela el tono violento y autoritario con el que el propio intendente trata a su entorno. El episodio no solo expone la lógica clientelar del oficialismo, sino que deja ver también un patrón de maltrato y uso del poder en clave verticalista.
Otros casos refuerzan el mismo modus operandi. Delfina Cavagnero, excolaboradora del concejal opositor Esteban Arico, hoy es subsecretaria y ocupa un lugar clave en el gabinete de Raimundo.
Por su parte, el médico Eduardo Ros, tras su paso por el raimundismo, fue opositor y candidato del peronismo, para finalmente ser reincorporado a la gestión, nombrado como director del hospital provincial Granaderos a Caballo y candidato a concejal, nuevamente por el oficialismo. Hoy, fue despojado de su cargo en medio de cuestionamientos por el estado de la salud pública en la ciudad.
Como es evidente, el caso Cabral no es una excepción, sino la confirmación de una lógica que atraviesa toda la gestión de Raimundo: hacer lo que sea necesario para mantenerse en el poder, incluso aliarse con aquellos a quienes decía combatir, traicionar sus propias convicciones y comprar adhesiones sin escrúpulos. En su esquema, los principios son descartables, y la permanencia en el cargo lo justifica todo.