Durante más de dos décadas, Leonardo Raimundo ha ocupado el centro de la escena política de San Lorenzo. Sin embargo, detrás de su figura institucional, se mueve un personaje clave cuya influencia crece en las sombras: Cristian Sandei. Poco visible para el gran público, pero omnipresente en los círculos del poder, Sandei ha sido mucho más que un acompañante político: es señalado por muchos como el oscuro operador detrás del telón del raimundismo.
Sandei fue parte del primer gabinete de Raimundo, ocupando un cargo estratégico como director de Obras Públicas. Desde ese momento, su nombre dejó de aparecer formalmente en la política, pero su poder fue en ascenso.
Con el correr de los años, mientras el oficialismo se perpetuaba en el poder, él diversificaba su perfil y multiplicaba sus negocios, siempre bajo un manto de ocultamiento. Pasó de pedir cigarrillos en el Bochin Club a amasar un gran patrimonio de lujos y ostentaciones. Su crecimiento patrimonial ha sido objeto de especulaciones constantes, alimentadas por la cercanía que mantiene con el intendente de la ciudad.
Sus vínculos con emprendimientos de diversa índole son notorios, aunque pocas veces figura como titular. Se lo relaciona con propiedades, vehículos de alta gama, emprendimientos gastronómicos y hasta un haras de caballos de carrera. Uno de sus caballos, “Sueño Loco”, fue protagonista de un triunfo reciente en el mundo del turf, lo que llevó al propio Sandei a brindar una entrevista a un canal especializado. También se le atribuyen operaciones en el rubro automotor, la posesión de campos en Entre Ríos y una incursión textil a través de la marca “Doopel”.
En San Lorenzo se habla de su participación en el lujoso restaurante Lorenzo, inaugurado en plena pandemia con pompa y fuegos artificiales, emprendimiento gastronómico que cerró sus puertas luego de un violento incidente que afectó a la conserje del lindero Club “El Progreso” y que está a punto de reabrir como exclusiva pizzería gourmet.
Del mismo modo, vecinos de barrio José Hernández denunciaron recientemente irregularidades en la habilitación de una metalúrgica en calle Batería Libertad, presuntamente ligada a Sandei, que funcionaría como base para sus actividades comerciales, aunque no aparece a su nombre. El hermetismo que rodea sus negocios ha sido una constante, alimentando las sospechas sobre su verdadera red de propiedades e influencias.
Pero es en la política donde su influencia más preocupa. En cada elección, su figura vuelve a emerger con fuerza, especialmente cuando el oficialismo se tambalea. Según fuentes internas, tras el magro resultado de Raimundo en las últimas PASO, Sandei retomó el control operativo de la campaña desde oficinas de la Secretaría de Desarrollo Social, un área clave por su vínculo directo con los sectores más vulnerables. Se lo ve tomar decisiones, mover estructuras y marcar el ritmo de la estrategia, sin tener ningún cargo formal.
Lejos de ser un empresario común, Cristian Sandei encarna el cruce de intereses entre negocios privados y administración pública. Su cercanía con el poder, su silencioso crecimiento patrimonial y su injerencia en momentos políticos claves siembran dudas sobre la transparencia y los verdaderos sostenes del oficialismo local.
¿Quién es realmente Cristian Sandei? ¿Un empresario con suerte o el engranaje imprescindible de una maquinaria política que prefiere actuar en la sombra? Su trayectoria sugiere que, en San Lorenzo, hay figuras que manejan más poder que el que se muestra.