Este domingo, San Lorenzo fue escenario de una de las expresiones de Fe más significativas de la región: la 48ª Peregrinación Arquidiocesana a pie desde Rosario. Miles de fieles -en su mayoría jóvenes- caminaron con devoción bajo el lema “La esperanza nos guía, el camino nos une”, atravesando más de 30 kilómetros en un clima de fervor y unidad.
La jornada comenzó a primera hora de la mañana en la Basílica Catedral de Rosario, donde el arzobispo Eduardo Eliseo Martín bendijo a los peregrinos que partieron desde la intersección de las calles Buenos Aires y Santa Fe. La caminata incluyó el paso por Rosario, Granadero Baigorria, Capitán Bermúdez y Fray Luis Beltrán, hasta culminar en el Campo de la Gloria, frente a la parroquia San Lorenzo Mártir.
La llegada a San Lorenzo fue acompañada por una emotiva bienvenida organizada por la comunidad local, con globos, pañuelos y porras, para luego concluir con una misa concelebrada, presidida por el propio arzobispo Martín, ante una multitud emocionada y agradecida.
En su homilía, el arzobispo destacó la dimensión comunitaria de esta peregrinación como “un testimonio público de que somos de Jesús y caminamos juntos en esperanza”. Afirmó que “frente al individualismo de este mundo, nosotros caminamos como familia” y que la Fe Cristiana se vive en comunidad, como parte de la Iglesia: “No se puede cruzar el Atlántico en un botecito de dos remos. Solo, uno se hunde”.
Martín animó a los fieles a reconocer que todos tienen una misión en la vida, cualquiera sea su vocación: formar una familia, entregar su vida a Dios en la vida religiosa, servir desde la educación o la caridad, o simplemente acompañar espiritualmente desde el dolor o la edad avanzada. “Nadie puede sentirse inútil en la Iglesia”, afirmó. “Todos, hasta el último instante de nuestra vida, tenemos una misión: dar testimonio de Cristo para alcanzar la vida eterna”.
En un contexto especial como lo es el Año Jubilar de la Esperanza, convocado por el Papa Francisco, esta edición de la peregrinación se vivió como una verdadera experiencia de Iglesia abierta a todos: jóvenes, familias, abuelos, niños y personas mayores. Como expresó el arzobispo: “Le rogamos a Dios, por intercesión de la Virgen, que cada día vivamos más apasionadamente la aventura de ser cristianos, con la esperanza que nos guía y el camino que nos une”.
Con la Virgen del Rosario al frente y una comunidad unida en la Fe, San Lorenzo se convirtió -una vez más- en un lugar de encuentro, testimonio y renovación espiritual.